Durante años, los monitores ultrawide de 34 pulgadas se han asociado a la productividad y la inmersión cinematográfica, con tasas de refresco típicas de 100 a 165Hz. Esa frontera se está moviendo: ya es posible encontrar modelos ultrawide curvos que alcanzan los 240Hz, manteniendo un tiempo de respuesta de 1ms y compatibilidad con las tecnologías de sincronización adaptativa habituales.
El salto no es trivial: mover una resolución de 3440×1440 a 240 fotogramas por segundo exige un ancho de banda considerablemente mayor que un panel Full HD o incluso QHD 16:9, lo que ha requerido avances tanto en los controladores de panel como en las interfaces HDMI 2.1 y DisplayPort 1.4 que ahora se generalizan incluso en modelos de precio medio.
Para el usuario, esto significa que ya no hay que elegir entre inmersión (ultrawide) y velocidad competitiva (240Hz): ambas cosas empiezan a convivir en el mismo panel. Es una tendencia que esperamos ver extenderse a más fabricantes en los próximos lanzamientos.
